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Ángel J. García Bravo

    HOY TENGO EL ALMA


   Si alguno os pregunta dónde estoy,
decidle que pasé la noche fuera,
porque me gusta ver cómo se duermen,
al despuntar el alba, las estrellas,
y que aun no he regresado; que me gusta
mirar cómo los pájaros despiertan
y cómo ruborizan las montañas
los agudos perfiles de sus crestas;
decidle que me gusta ver las nubes
cuando la luz del sol las atraviesa
y ver cómo las flores, con rocío,
humedecen sus pétalos de seda…

   Sabéis que no es verdad, que me he marchado
con esta carga que me oprime, a cuestas,
para buscar alivio a la amargura
que recorre los cauces de mis venas,
poniendo en los latidos de mi pulso
una creciente sensación de abejas,
zumbantes e irritadas, -hielo y sombra-
que, con sus aguijones, me atraviesan.

   Sabéis que estoy buscando, como un grito,
-sabor de hiel…, de lágrimas…, de tuera-,
una ilusión de amor que me libere,
creciéndose en mi ser, que me florezca
y me aliente de nuevo, en el proceso
de una ilusión y una esperanza nuevas.

   Que quiero reencontrarme, en los cristales
de la angustia vital que me concreta,
con esa paz que se perdió, furtiva,
del eje polvoriento de mi senda.

   Que me sueño sarmiento reafirmado
a la Vid celestial que me sosiega.

   Pero calladlo siempre, porque puede
que si contáis mi lucha, no la entiendan.

   Por eso, si preguntan dónde estoy,
decidles que pasé la noche fuera
porque me gusta ver cómo se duermen,
al despuntar el alba, las estrellas.

   Decidles que he salido y que es posible,
(si hallo la paz que busco), que no vuelva.

 

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